jueves, 10 de julio de 2014

7 panzers que desnudaron la traición brasileña


Ya está todo definido. Este domingo habrá un nuevo campeón mundial en Brasil. Cuando muchos apostaban por el favoritismo del local, aduciendo incluso conspiraciones de que la FIFA le había armado un campeonato para ganarlo, Alemania y Argentina serán los protagonistas del partido final en el estadio Maracaná de Río de Janeiro.

El nivel futbolístico que se ha exhibido en la tierra de la samba ha sido de una versatilidad pocas veces antes vista. Dónde la mayoría de las selecciones transformaron su juego tradicional en pos del éxito y seguir avanzando rondas.

El ejemplo de lo anterior quedó graficado en la semifinal entre Alemania y Brasil. Dos equipos con estilos muy distintos y en este punto de la historia paradójicamente invertidos.

Partamos por Brasil, que a mi parecer es el caso más emblemático. El "Scratch" a lo largo de toda su rica historia futbolística ha deleitado con un juego de alta calidad, que incluso se llegó a denominar el "jogo bonito". La expresión más elocuente de este estilo ocurrió en México 1970, cuando el equipo dirigido por Mario Zagallo colocaba a 5 enganches en la oncena titular: Gerson, Rivelinho, Jairzinho, Tostao y Pelé maravillaron con una química pletórica en la primera cita planetaria organizada por el país azteca.

44 años después, en su propia casa y con el apoyo de toda su fanatica, Brasil se convirtió en un equipo pragmático, que apostó al error del rival, y claro con las individuales que posee te puede definir un partido en un contragolpe si te pilla mal parado en defensa. Aquella estrategia le dio réditos sóo hasta la ronda de los cuatro mejores.

Pero frente a una selección alemana implacable, la "verdamarela" fue humillada por 7-1 traicionando sus principios futbolísticos y también a todo un país, que ahora deberá jugar el partido por el podio, lo que supone una verdadera vergüenza para un cuadro que se jacta de ser el pentacampeón del mundo.

Por el lado de la "Mannschaft" la metamorfosis también es evidente. Atrás quedaron esos toscos y rudos elencos que sólo apelaban a la fuerza mental y física dentro del campo de juego. Hoy, Alemania hace gala de un sistema en el que participan todos, con mucha presión y recuperación rápida del balón. La llegada de Guardiola a la Bundesliga no sólo vino a suponer variaciones en el Bayern, sino que esta tendencia se extrapoló también en la selección dirigida por Löw.

Ese tiki taka pocas veces visto en combinados teutones, sumado a la capacidad física de la que gozan, hacen de la escuadra europea un equipo temible. Verdaderos soldados con un único objetivo en mente.

Lo visto el martes en el Mineirao de Belo Horizonte fue sin dudas una de esas paradojas que pocas veces tendremos el gusto de presenciar: camisetas amarillas corriendo tras el balón frente a unos panzers, que rígidos y todo, se dieron el gusto de devorar una mesa que estaba servida.

La apuesta de la renovación y la evolución surtió efecto en los germanos, mientras que en Brasil la obsesión de obtener la copa a como de lugar lo obligó a abandonar sus propias raíces, esas que durante toda la historia del balompié mundial los tenía como un robusto árbol y que ayer de 7 tanquetazos alemanes se fue a pique desatando el terremoto en el país alegre, que hoy llora y recuerda la tristeza del Maracanazo de 1950.