lunes, 22 de octubre de 2012

El carrusel de Lasarte

El actual momento de Universidad Católica da para reflexionar. La derrota frente a Huachipato, tras la remontada en Copa Chile, fue una muestra de la oscilante realidad. Esa que indica que el cuadro franjeado transita en un, hasta el momento, interminable camino de la irregularidad. El hincha está descontento, no de este año, sino desde aquella dolorosa tarde de junio de 2011.

Desde esa fecha, no se ha visto ningún cambio en las aspiraciones y políticas del club. La gestión de CruzadosSADP mantiene a la institución estancada. Todo se hace a puertas cerradas y no se ha permitido la inclusión de gente que podría aportar, tal cual afirmó Andrés Fazio hace algunas semanas. Muchos creen que la culpa sólo la tiene la Fundación, pero también hay problemas en la cancha.Ya han pasado dos años desde el último título obtenido por la UC, y el fánatico, comienza a impacientarse. Y la impotencia es mayor, cuando ve como el club no avanza, mientras los archirrivales, e incluso equipos más modestos, como Iquique y Rangers, gozan de un presente auspicioso.

Con la llegada de Lasarte, muchos pensaron (me incluyo) que vendría el despegue y comenzaría una temporada exitosa. El currículum del uruguayo y destacadas incorporaciones así lo sustentaban. Sin embargo, a falta de tres fechas para el término de la fase regular, Católica aún no está clasificada y lo que es peor, sin una formación y un patrón de juego definido. Eso sumado a las expulsiones infantiles y las desafortunadas lesiones de elementos importantes. ¿Responsabilidad del técnico? Claro que sí, pero los jugadores también deben asumir que no han respondido a las expectativas de la hinchada y la dirigencia. Especialmente los refuerzos que llegaron a principios y mediados de temporada.

Fernando Cordero no ha mostrado el nivel que exhibió con la camiseta de Unión Española. Roberto Ovelar ha estado más tiempo en la banca que en la cancha, y cuando ha sumado minutos, no ha demostrado ser el hombre gol que tanto anhela Lasarte. Trecco ha hecho más noticia por su problema policial. Quizá los únicos que zafan son Ríos, Costa y Ramos, a pesar de que tampoco han maravillado, esto básicamente por el bajo nivel colectivo del equipo.

Católica a lo largo de su historia se ha caracterizado por ser un equipo de buen pie y que brinda espectáculo. El hincha cruzado disfruta viendo a su equipo protagonista, jugando un fútbol de alta calidad, especialmente en San Carlos. Sin embargo, ese tradicional juego no ha ido de la mano con los éxitos. Casos como las finales de 1994 y el Clausura 2009, nos hacen recordar que el jugar mejor, no te asegura el éxito. Lógicamente, si juegas lindo, tienes más posibilidades...pero yo al menos estoy cansado de los triunfos morales.

Por lo mismo, como hincha, no me importa si mi equipo sale campeón jugando al contragolpe y basando su juego en la ideología del pragmatismo. Tengo entendido que la filosofía de Lasarte predica aquel dogma de pensar más en el arco propio que el contrario. Un entrenador resultadista de tomo y lomo. Pero si se quiere conseguir resultados, lo primero que debe haber es un fondo futbolístico. En palabras más simples, trabajo y y convencimiento de la idea. Ésto último justamente es lo que adolece el cuadro de Lasarte. No se ve un feeling ni convicción de parte de los jugadores en la propuesta. La culpa es tanto de jugadores como cuerpo técnico, al no poder consumar la ideología en más de 4 meses. Eso sumado a rendimientos individuales bajísimos, como los exhibidos por Enzo Andía, Matías Pérez, Francisco Silva y Sixto Peralta.

Se vienen días de definiciones. Probablemente se avanzará en la Sudamericana. La clasificación a playoffs asoma más compleja y hay que defender el título en la Copa Chile. El hincha espera que Católica esté a a la altura y no se baje de ninguno. De lo que sí hay que bajarse es de este Carrusel, que un fin de semana nos deja arriba con una sonrisa y el siguiente nos sume en un mar de amargura.




viernes, 19 de octubre de 2012

Del cielo al suelo...pero aún queda patria

Quién iba a pensarlo. Hace 4 meses, la selección chilena era puntera de las clasificatorias sudamericanas rumbo al Mundial de Brasil. Tal como aconteció en los pasados procesos eliminatorios de Olmos y Bielsa, las visitas a Bolivia y Venezuela resultaron ser tierra fértil para Chile: 6 puntos de 6 posibles. Si bien en lo que se refiere a funcionamiento fútbolístico, el cuadro de Borghi no deleitó (es más, Bolivia pudo haber ganado de no haber sido por las atajadas de Claudio Bravo y la impericia de sus delanteros), la roja salía invicta de aquella doble fecha eliminatoria, y por primera vez en mucho tiempo, miraba a sus rivales desde arriba. Mejor panorama imposible.

El calendario indicaba una jornada libre (por la ausencia del ya clasificado Brasil) y la visita de Colombia a nuestro país el 11 de Septiembre. Rival directo por historia, que venía encumbrado tras la aplastante goleada sobre Uruguay en el infierno de Barranquilla. Ante un monumental lleno, la selección se inclinó inapelablemente frente al seleccionado de Pekerman. Un 1-3 que no sólo dejo interrogantes en el aspecto fútbolistico, sino que también por la actitud de los jugadores. Quizás les afectó la tonta expulsión de Gary Medel, sumado al no tener cerca a Borghi (sancionado por los incidentes en Puerto La Cruz), ya que, a mi parecer, Jaime Vera no es la persona idónea para tomar la batuta del grupo. El tema es que se vio a un Chile desconcertado y sin la entrega que tanto nos satisfizo en los cotejos pasados.

Luego vino Octubre. El horizonte de las clasificatorias deparaba visita a Quito y Argentina en Nuñoa. Una pasada que para el momento que vivía la selección, asomaba como compleja. Si me preguntan a mi, yo hubiese preferido sacarle puntos a un rival directo como Ecuador y perder frente a Argentina. Lo firmaba antes de. No sucedió ni lo uno y si lo otro. Quizás jugando el peor partido en la era Borghi, Chile cayó estrepitosamente en el Atahualpa. Es cierto que habían bajas importantes como las de Bravo y Suazo, pero también se producían retornos de gente experimentada. El regreso a la defensa de Pablo Contreras y la inclusión de Beausejour por la banda izquierda (ante el bajo nivel de Mena), permitía al menos ilusionarse. Pero nuevamente el equipo tuvo una pobre producción fútbolística, demostrando un escaso trabajo táctico y nulo poder ofensivo, además de las ya reiteradas y casi internalizadas actitudes irresponsables, esta vez demostradas por Contreras y Vidal. Chile caía de la primera a la quinta casilla. y ya surgían especulaciones acerca de una renuncia o despido de Claudio Borghi.

Retorno a Chile en un ambiente de total pesimismo y hermetismo acerca del futuro de la selección. El hincha estaba decepcionado y con razón. Argentina en el Nacional. Ni el más optimista de los hinchas pensaba en quedarse con los 3 puntos ante el equipo de Messi. Ciertamentemente, por historia ni aunque Chile venga jugando de maravillas, podría ser favorito ante una potencia mundial como el combinado trasandino. Conviene hacer esa aclaración, ya que algunos creen que la historia partió en ese histórico 1-0 con el  gol de Orellana, y de ahi para atrás son décadas de triunfos y superioridad argentina.

Vaya contradicción, pero ante el rival más enconado, la selección hizo uno de sus mejores partidos del proceso. Justificadamente muchos podrían decir que los triunfos morales no sirven, y lo comparto. Bielsa acostumbró al pueblo chileno a ganar, por eso duele tanto perder. Pero no hay dudas de que se vio a un equipo con mucho vértigo y que creó al menos cinco oportunidades claras de gol en el primer tiempo, con un Isla que parecía dejar su lesión en el pasado pasando constantamente al ataque y asociándose con un Sánchez encarador y con ganas de jugar el partido de su vida. Si está selección tendría un hombre gol (Pinto demostró que no lo es), ese primer tiempo terminaba de otra manera, porque la maquinita al fin funcionaba. Pero ante rivales de la jerarquía de Argentina, no se puede perdonar e increíblemente, la roja se iba en desventaja a camarines. El segundo tiempo Argentina enfrió el partido y Chile siguió luchando hasta el final, lo que el mismo público agradeció. Esta vez sí hubo entrega. El gol de Gutiérrez quizás vino a poner un poco de justicia al marcador, pero no quedó más que en la mera anécdota.

Nadie puede quedarse tranquilo después de 3 derrotas consecutivas, ni tampoco olvidar las pésimas presentaciones anteriores por esos 30 minutos de buen fútbol. Efectivamente, la selección bajó considerablemente su nivel y además, no sumó ninguna unidad. Si los dirigentes de la ANFP quieren hacer un cambio, háganlo ahora. No esperen hasta marzo ni tampoco mantengan a Borghi en el cargo porque su indemnización es muy cara. La selección está por sobre todo. Que lo entiendan también algunos jugadores como Vidal, que incluso pone en entredicho su estancia en la selección, si es que Borghi no sigue. ¿Quién es Vidal para poner condiciones en la selección? En Turín serás divo, pero aquí en Chile no eres referente. Y si tanto bancas a tu técnico, ¿por qué le respondes haciéndote expulsar infantilmente? Cosas que uno no se explica.

Borghi de aquí a marzo quedan 5 meses, en los cuales tendrás que trabajar. Jugaste con 4 en el fondo y no se acabó el mundo, es más, se notó un equilibrio. Siendo la peor defensa de Sudámerica, no se podía seguir con el suicido de la línea de 3. El tema disciplinario hay que solucionarlo, porque no es posible que jugadores importantes y experimentados den este mal ejemplo. Queda tiempo y se reciben a rivales directos en casa. No hay que ser fatalistas, porque a pesar de estas feas caídas, aún hay chances...sólo depende del trabajo del cuerpo técnico. Aún tengo fe y eso que soy viudo de Bielsa, pero querer que le vaya mal a Borghi es desearle mal a mi país..así que aún queda patria!