Desde esa fecha, no se ha visto ningún cambio en las aspiraciones y políticas del club. La gestión de CruzadosSADP mantiene a la institución estancada. Todo se hace a puertas cerradas y no se ha permitido la inclusión de gente que podría aportar, tal cual afirmó Andrés Fazio hace algunas semanas. Muchos creen que la culpa sólo la tiene la Fundación, pero también hay problemas en la cancha.Ya han pasado dos años desde el último título obtenido por la UC, y el fánatico, comienza a impacientarse. Y la impotencia es mayor, cuando ve como el club no avanza, mientras los archirrivales, e incluso equipos más modestos, como Iquique y Rangers, gozan de un presente auspicioso.

Con la llegada de Lasarte, muchos pensaron (me incluyo) que vendría el despegue y comenzaría una temporada exitosa. El currículum del uruguayo y destacadas incorporaciones así lo sustentaban. Sin embargo, a falta de tres fechas para el término de la fase regular, Católica aún no está clasificada y lo que es peor, sin una formación y un patrón de juego definido. Eso sumado a las expulsiones infantiles y las desafortunadas lesiones de elementos importantes. ¿Responsabilidad del técnico? Claro que sí, pero los jugadores también deben asumir que no han respondido a las expectativas de la hinchada y la dirigencia. Especialmente los refuerzos que llegaron a principios y mediados de temporada.
Fernando Cordero no ha mostrado el nivel que exhibió con la camiseta de Unión Española. Roberto Ovelar ha estado más tiempo en la banca que en la cancha, y cuando ha sumado minutos, no ha demostrado ser el hombre gol que tanto anhela Lasarte. Trecco ha hecho más noticia por su problema policial. Quizá los únicos que zafan son Ríos, Costa y Ramos, a pesar de que tampoco han maravillado, esto básicamente por el bajo nivel colectivo del equipo.
Católica a lo largo de su historia se ha caracterizado por ser un equipo de buen pie y que brinda espectáculo. El hincha cruzado disfruta viendo a su equipo protagonista, jugando un fútbol de alta calidad, especialmente en San Carlos. Sin embargo, ese tradicional juego no ha ido de la mano con los éxitos. Casos como las finales de 1994 y el Clausura 2009, nos hacen recordar que el jugar mejor, no te asegura el éxito. Lógicamente, si juegas lindo, tienes más posibilidades...pero yo al menos estoy cansado de los triunfos morales.
Por lo mismo, como hincha, no me importa si mi equipo sale campeón jugando al contragolpe y basando su juego en la ideología del pragmatismo. Tengo entendido que la filosofía de Lasarte predica aquel dogma de pensar más en el arco propio que el contrario. Un entrenador resultadista de tomo y lomo. Pero si se quiere conseguir resultados, lo primero que debe haber es un fondo futbolístico. En palabras más simples, trabajo y y convencimiento de la idea. Ésto último justamente es lo que adolece el cuadro de Lasarte. No se ve un feeling ni convicción de parte de los jugadores en la propuesta. La culpa es tanto de jugadores como cuerpo técnico, al no poder consumar la ideología en más de 4 meses. Eso sumado a rendimientos individuales bajísimos, como los exhibidos por Enzo Andía, Matías Pérez, Francisco Silva y Sixto Peralta.
Se vienen días de definiciones. Probablemente se avanzará en la Sudamericana. La clasificación a playoffs asoma más compleja y hay que defender el título en la Copa Chile. El hincha espera que Católica esté a a la altura y no se baje de ninguno. De lo que sí hay que bajarse es de este Carrusel, que un fin de semana nos deja arriba con una sonrisa y el siguiente nos sume en un mar de amargura.
